lunes, 12 de diciembre de 2011

20N: todos somos iguales... hasta que empezamos a tomar decisiones

A la hora de dar un último vistazo a la situación creada con las elecciones del 20N pasado, me vienen a la mente algunas reflexiones, pero, antes de empezar, es bueno dar una pincelada para que se pueda tener una perspectiva que ayude a entender ciertas "verdades" que uno llega a interiorizar al cabo de, casi, una vida.

Empezar a trabajar -como aprendiz a los trece años- en uno de los astilleros de más prestigio -de España- en el año 1964, no me dio un título universitario -lo cual lamento, porque me encanta aprender- pero sí me dio una visión distinta de mi país y, fundamentalmente, de la vida. He tenido la "suerte" de conocer la etapa predemocrática y la de arrimar el hombro -y recorrer el camino- para llevar a un país pobre, triste y avergonzado, a ser el  preferido por la juventud europea -para vivir y trabajar- hace "tan solo" cinco años. Desde la clandestinidad he podido conocer -y colaborar, modestamente- con personas que han tenido -o tienen- un peso específico en la política, el sindicalismo, la cultura o la empresa, españolas. 

Han pasado unos años, casi medio siglo, y algunas cosas han cambiado en mi apreciación. La primera es la valoración que hago de los partidos políticos. Ha bajado, y mucho, pero no más que la opinión que tengo de las personas. Creo que la sociedad -globalmente- ha retrocedido en principios que debiesen ser innegociables. Hemos "prostituido" algunas actitudes, ante la vida, aunque muchos no sepan ni a que me refiero. 
Pero no me lleva, eso, a otra cosa que la desear su renovación -para mejorar, claro- en las ideas y los mecanismos. Sigo pensando que la democracia es el método menos malo para gobernarse, aunque no dejo de reconocer que "el juego partidista" menoscaba la eficiencia de la política, cuando algún partido -importante en su número de votos- se empeña en retener, o conquistar el poder, aún a cambio de provocar importantes daños sociales. Véase la actitud del PP en la crisis.

Una de las "cosas" que se ha abierto paso estos años es el de "todos son iguales", referida  a los políticos. Es tanto como decir: " Todas las "Carmelas" son rubias o, todos los "Manolos", son gordos... por no decir cosas peores, claro. Lo que hay que poner de moda es lo siguiente: todos somos iguales, hasta que empezamos a tomar decisiones.

En definitiva, aunque descontento con la política a nivel general, sigo pagando muy cuota al partido socialista, porque considero que es la primera trinchera -no la única ni, siempre, la mejor- contra las malas intenciones de la "derechona" de siempre.

Dicho esto -simplemente para que los jóvenes que nos ven como dinosaurios entiendan que también tuvimos su edad y nos dedicamos a "lo que había que hacer"- sepan que es bueno escuchar a "los mayores", solamente porque "hemos recorrido un camino muy difícil y mejoramos el país". Esto es indudable, creo yo.

"Esto" va, por los comentarios que dedican algunos -que tienen en mente que, por tener menos años se tiene más razón, o más derecho a no sé qué- a cualquier frase de políticos como Felipe González, Santiago Carrillo o Alfonso Guerra, que estos días circulan por internet. Si la juventud tiene -y quiere- recorrer un camino - para su propio bienestar, y de la sociedad en la que tendrá que vivir- sería bueno escuchar a quienes hicieron algo parecido, creo yo. Pero, en fín, quién condena a "los mayores", se condena a la inexperiencia. Por avisar que no quede.

La política, lo digo por si tuviese algún valor -lo que digo, claro- no es para "consumo propio". Ni tan siquiera para "matar al enemigo". La política es para "crear", para la sociedad. Para el mejor gobierno colectivo. Voy más allá. Los grandes objetivos políticos se consiguen con la sociedad "empujando detrás". De lo contrario, los que empujan la historia, hacia atrás, ganan la batalla. Véase lo que sucede con "los mercados" y la política.
¿Alguien tiene alguna duda, de que el objetivo de "los mercados", es el modelo social europeo? El que la tenga que vaya al oculista, o que mire hacia atrás, para ver por donde se la han metido... con perdón.


Pero... volvamos a lo de tomar decisiones. El PP -creo que desde el mismo día en que perdió las primeras elecciones, que ganó Zapatero- tomó la decisión de volver al poder... costase lo que costase. No es de extrañar. Aznar llegó al poder repartiendo munición "habitualmente empleada por eta". ¿O no? Ellos tomaron esa decisión en el momento que debiesen tomar otras. Los caminos definen a las personas, y a los colectivos. El que vota es corresponsable de las decisiones, sin duda alguna.

Ahora, la oposición es el partido socialista, izquierda unida y algunos otros grupos menores. Me refiero a la oposición parlamentaria. En la calle... son muchos más y crecerán, segurísimo.

Y, esta oposición, también tiene que tomar decisiones, faltaría más.

Aquí es donde está la encrucijada. A mi modo de ver... es decir, temo que no se tomen las decisiones correctas. Me explico.


Después de una primera sensación de satisfacción, de izquierda unida, por sus resultados electorales he visto dudas en sus primeros pasos. Lo último que ha salido a la luz pública es la intención de movilizar a la sociedad. Eso lo comparto, pero habría que saber  lo que significa "movilizar". Ya no estamos en la dictadura y algunos no se han enterado. Más que huelgas -que algunas habrá que hacer- hay que hacer pedagogía... y mucha. Entre los trabajadores... también.

En lo que se refiere al partido socialista, dos sensaciones. Una, positiva, la que se refiere a su modo de entender la oposición -firme en defensa del estado de bienestar, o lo que queda de él- pero colaborando en lo que se pueda para salir de la crisis y, otra, negativa, la indefinición  y falta de valentía en la apuesta por elevar el nivel democrático en el partido y, mucho más importante, en la sociedad. Me temo que se van a conformar a que escampe el temporal y volver a tener opciones de recuperar el poder. Y no es eso lo que necesita el futuro (El futuro es "aquello" que nos preocupaba a "los dinosaurios" cuando, en plena dictadura, pensábamos en nuestros hijos) Habrá que esperar al congreso, pero yo ya no creo en milagros.

No tengo excusas. Ni tan siquiera tengo necesidad de ser correcto políticamente porque, entre otras cosas, no quiero serlo. Tengo ganas de decir lo que pienso, conclusiones a las que llego,  basado en la experiencia.

La oposición tiene que convencer a la sociedad de que es posible poner a España en los primeros puestos en cuanto a nivel social, y de empleo, de todo el mundo. ¿Por qué?

Primero, porque el primer enemigo de una sociedad es no creer en sí misma. No tener proyecto colectivo.

Segundo, porque es posible, ya lo hemos hecho en "otra ocasión".

Tercero, porque sin una oposición unida, con un proyecto compartido por la mayoría de la sociedad, la derecha nos hará llegar, en pocos años, al modelo social europeo, pobre.


Cuarto, porque se necesitan los mejores mecanismos sociales -deporte, cultura, trabajo, etc.- para "crear" ese proyecto conjunto, animar a la sociedad al esfuerzo y obligar a la derecha a que "remueva la política fiscal", para encontrar recursos no provenientes de recortes.


Quinto; eso es movilizar, para hacer la política correcta. Aquí no sobra nadie. ¿Se entiende?


Sexto; todo eso requiere "incrementar nuestra plusvalía como sociedad".

A mí no me asusta el reto, porque ya he vivido, y alcanzado, otros sueños.  El futuro lo merece, es donde los jóvenes tendréis que vivir. Algunos mayores no ocuparemos mucho espacio en él, pero nos apasiona pensar que puede ser tan bueno como los dinasaurios hemos imaginado. Ya sabéis; conocimiento, esfuerzo y reparto. Eso es la clave: la plusvalía social os llevará al futuro que, colectivamente, alcanzaréis.

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