Hay cosas que, por evidentes, no debiesen ser objeto de estudio ni, por supuesto, planificación o elaboración teórica. Bastaría con la memoria para no volver a mojar los calcetines en el mismo charco de cada otoño. Pero lo hacemos. Es la condición humana y, también, lo que la condiciona. No hay condición humana sin lo que la condiciona.
Llegados a este punto, sería "conveniente convenir" que, aunque de una forma caótica -cada vez más- lloverá de vez en cuando y, por lo tanto, habrá charcos -en esos días de otoño, y en otros- en los que volver a meter los calcetines. Observen que, aunque sería más adecuado, no digo "meter la pata, o la gamba" pero no deja de ser una metedura de esas. Claro está, para quien lo quiera ver.
Viene esto a cuento porque ya estamos cerca de tomar la primera decisión "seria", a nivel colectivo, desde el comienzo de esta enorme crisis social, que se empieza a mostrar con la caída de la banca estadounidense. Hablo de las elecciones generales en España, convocadas para el próximo veinte de noviembre.
Todo parece que la decisión "seria" será apartar del poder central al partido socialista y "encargar" al Sr. Rajoy que "nos saque" de esta. Y sabemos, con certeza, que D. Mariano es el "castigo" que nos impondremos por "nuestros pecados". Los de algunos, digo. Pero hablo en plural.
Dando esto por "casi inevitable" es de conciencia, al menos para mí, reconocer que estamos despidiendo al actual presidente del gobierno central, con una alegría sospechosa. Casi con chulería inconsciente. No es mi caso y, creo, que aún queda gente en el país -y en el partido socialista- que no comparte esta alegría.
Estamos despidiendo al presidente que más -y mejor- ha repartido la igualdad, el bienestar y la "riqueza generada" -lo que estaba al alcance de su gobierno- y ha caído víctima de una crisis económica y de la incapacidad de los partidos políticos para hacer frente a una crisis que está en ellos mismos.
No dejaré de reconocer, no obstante, que el Sr. Zapatero estaba más preparado para repartir, y sanear las cuentas, que para anticiparse a las consecuencias sociales que esta demencial crisis está generando. Digo demencial, porque muchas de las personas que "condicionan la condición humana" son auténticos dementes que poseen los mejores "cerebros" y los más desarrollados medios para que, aunque lo intenten, políticos como Zapatero u otros, no sean capaces de controlarlos. Regularles "los mercados".
¿Y quién soy yo, un corriente ciudadano de a pié, para hacer estas afirmaciones? Poca cosa. Solo un voto y una voluntad. Cambiar. Encontrar la ruta social.
Le decía a Lois Armada (Cariño) al principio de la caída del empleo, que los salarios públicos deberían reducirse en la misma proporción que aumentase el desempleo. Un país de "primera" y una ciudadanía del mismo calibre no lo dudarían. Si hubiese ese gobierno, con esa capacidad, para demandar de sus ciudadanos tal solidaridad, la crisis no llegaría al nivel que está llegando y la recuperación sería para mejorar los mecanismos sociales y no para lo que va a servir "esta primera decisión seria": empeorarlos.
Recuerdo, también al principio de la crisis, en Santiago -creo que era un congreso del Ps de G- tuve la oportunidad de acercarme a tres dirigentes socialistas (Pepe Blanco, Orozco y al anterior alcalde de A Coruña) para decirles: Estáis dejando que la derecha le ponga la cara de Zapatero a la crisis. Y así fué.
Por cierto; Pepe Blanco, que me dio la impresión de saber de lo que hablaba, no se paró demasiado conmigo, tenía prisa.
El Sr. Orozco -se notó en su cara- le dio importancia a lo que oía y me preguntó quién era y de donde era yo. Le dije que solo un viejo militante de la izquierda que vivía en Cariño.
El anterior alcalde de A Coruña -ahora mismo no recuerdo su apellido- casi ni me vio.
Con estos antecedentes y con algunas otras reflexiones sobre la condición humana -y sus condicionantes- quiero tener -y tengo- la osadía de pensar y decir que hay que encontrar una ruta social que no esté tan condicionada por los tres poderes que ahora dirigen y condicionan. El dinero, los partidos -en su versión actual- y la "justicia".
Hay que hacer verdad la tan cacareada y manoseada "mentira" de que el poder reside en la ciudadanía. Y no hablo de volver al dictado del proletariado sino, a un estado superior de la democracia que tiene "cercanos ejemplos actuales" en algún país europeo. Los nórdicos, por ejemplo.
Trazar una nueva ruta significa dar por descontado que es para ir a un sitio distinto del que nos encontramos. No tiene sentido abrir una nueva ruta si es para volver al mismo lugar sin, al menos, descubrir "otros paisajes".
¿Quienes quieren cambiar las cosas?
Los que peor lo están pasando, desde luego.
¿Hay una parte de la población que les gustaría que los cambios fuesen para desprenderse de los pesos de la solidaridad, de lo social?
Sin duda, al menos, una buena parte de los votantes de la derecha.
¿Por qué una parte de la ciudadanía -no solo los ricos- pide que le rebajen los impuestos, aunque eso signifique recortar los servicios sociales?
Esto es un suspenso claro a la clase política. A los partidos y a sus militantes. Especialmente a los que cobran por su labor política.
Esa parte de la ciudadanía no está de acuerdo en como se gasta el dinero de los impuestos.
A pesar de que la evolución de la vida -hablo a nivel físicoquímico- lleva miles de millones de años el el camino de la perfección y de la especialización, hay personas que se dedican a coger una herramienta y se "mean" por la evolución, pintando todo tipo de "cosas sobre la piel" o poniéndose todo tipo de herrajes en la cara y otras zonas menos accesibles del cuerpo.
Cada uno "con lo suyo" hace lo que le da la gana y, lo peor del caso es que, muchos de estos "avanzados", tienen una enorme repercusión social pues son deportistas de élite, con ascendencia en la "capacidad humana" de imitar, sobre todo, lo menos bueno. ¿Es la libertad?
Hay personas que, a pesar de tener servicios sociales, no hace nada por la sociedad. Los que no trabajan ni estudian, por ejemplo, y se pasan la vida entre el vagabundeo y la delincuencia. ¿Es la libertad?
Existen personas "de reconocido prestigio social" que son capaces de "concederse enormes beneficios económicos" -véanse las prejubilaciones en la banca arruinada o los enormes salarios que se cobran en casi todas las instancias de cierto nivel político, financiero o empresarial- en algunos casos, tras una gestión antisocial. ¿Será la libertad?
Llegados a este punto podríamos extraer algunas conclusiones. A saber:
Hay una profunda crisis económica.
Hay una profunda crisis social.
Los partidos, también, están en crisis y, en su configuración actual, no tienen las herramientas -por lo tanto hay que dudar de la intención- de producir un cambio social, a mejor. Unos peor que otros, claro.
La justicia, en algunos casos, da la imagen de estar al servicio de determinados poderes corruptos.
Hay personas que, con actitudes contrarias a una buena ruta social, tienen reconocido prestigio entre la sociedad. Hay una crisis de personas.
Las mayorías tienen derecho a escoger su ruta, pero eso no les escusa de poder equivocarse.
Por lo tanto las primeras miradas para salir de la crisis hay que dirigirlas a las personas. Más tarde a los partidos políticos. Luego, a la política fiscal.
(1) (Continuará)
No hay comentarios:
Publicar un comentario