Decía Santiago Carrillo, en un acto para afiliados y simpatizantes celebrado -en los años 80- en el salón de un local de A Malata (Ferrol) que, los comunistas, siempre deben ir por delante de la sociedad... pero, no tanto, que se corra el riesgo de que, la sociedad, "no los vea"...
Algo parecido le sucede hoy al PSOE, pero no por sus planteamientos "excesivamente" transformadores, salvo en derechos de igualdad, en donde -en algunos asuntos- se ha avanzado más -por ejemplo, en lo del tabaco y los bares- de lo que esta sociedad es capaz de asimilar. Sobre todo las indecisiones. Ahora pongo, pero, después de arrepentirme, retiro: límite de velocidad, zonas fumadores -con gastos para la hostelería que luego no valen para nada-, etc. etc.
La sociedad española ha decidido, el 20 N, renunciar a tener un estado social como el de los mejores países europeos. El voto masivo a la derecha (CIU, PP, PNV, UPyD, etc.) no es, solo, un castigo al partido socialista. También es el reconocimiento de la ausencia de una alternativa más social, mas de izquierda. A nadie se le escapa que las soluciones de la derecha supondrán empeorar los mecanismos sociales. Es decir: una parte del electorado de la derecha, quiere menos estado social. Esto no debería extrañar a nadie. Y la otra parte... ¿Qué quiere?
Para explicar lo que quiere la otra parte recurriré a una anécdota. En el pueblo -del tío Pedro- había una vecina a la que se estaba "tirando el cura" pero, eso sí, antes de comenzar, siempre le decía al párroco: " ¡Ay!, D. Francisquiño... fódame ben, que son unha pobre".
Pues "esto" es "muy" parecido y... "totalmente" lamentable. Prefieren que los joda la derecha a que "los salve" la izquierda.
Es verdad que, estas renuncias, podrían ser reversibles si hubiese, en el futuro cercano, una alternativa creíble e ilusionante que de respuestas a los problemas de ahora mismo y los que nos traerá la otra gran crisis. la del clima, que tendrá -ya se ven los primeros problemas- grandes cambios a nuestra forma de vivir y producir. (Ver: La sociedad del buen tiempo).
Sólo hay una forma de volver a situar a Europa en primera línea mundial (Corremos el riesgo de que se nos traguen los modelos sociales de los países emergentes) y esta es; la mejora de la plusvalía social. O esto, o a bajar, en los niveles sociales, para poder competir -en bajos costes- con China y similares. Esta es la decisión que hay que explicar a la ciudadanía. Por un camino nos exigimos una mejora como ciudadanos y, por el otro, no nos esforzamos, pero volveremos atrás sesenta años.
Claro está, si "solo mejoramos la productividad" -sin más- no haremos más que empeorar la justicia social. Hay que mejorar, no sólo, el conocimiento y la producción sino que hay que mejorar -y mucho- el reparto. De lo cual se deduce, por obvio, que una reforma fiscal progresiva y progresista es -también- ineludible.
No contemplo la idea -muy extendida por la derecha en los dos últimos años y comentada por cualquier ama de casa en las aceras o las playas- de que: "los socialistas no saben de economía". Si a lo que, estas "expertas", se referían es a lo de la economía de las facturas sin iva, del alquiler sin factura, el pluriempleo de funcionarios o trabajadores de empresas públicas, de los trabajos sin contrato y del fraude en general, estoy de acuerdo. No se ha hecho lo necesario. Pero, me temo, que la economía que prefieren es, esa misma. La que tiene esos males.
La anterior gran crisis, me refiero a la Gran Depresión, desembocó en la segunda guerra mundial. Crak del ventinueve, ascenso del fascismo que desemboca en la guerra europea, que extienden los japoneses al Pacífico, y, por último, el desembarco de Normandía que recupera el territorio europeo que los soviéticos no habían "reconquistado".
En España no tuvimos la suerte que que los aliados contemplasen a Franco como lo que fue; otro fascista, con traje regional, que colaboró con los nazis alemanes y los fascistas italianos. Primero, para derribar a la república española y, luego, para extender el dominio nazi en Europa. Prefirieron tenerlo como aliado -por anticomunista- que recuperar la libertad perdida por el pueblo español. De alguna forma podría decirse que lo del desembarco fue, para España, un embarque... sin encargo.
Si echamos un "vistazo" a esa etapa de la vida en Europa, encontraremos algo que nos hace falta a día de hoy. Analizar como se comporta la sociedad en tiempos de crisis aguda, cuales son los mecanismos que emplean los "poderes" y cuales son los que surgen de la ciudadanía. Salvando las distancias, claro, porque hablamos de sociedades distintas, para lo bueno y lo malo. Pero, encontraremos -en el análisis- dos "igualdades" que nos explican el por que la sociedad da pasos atrás, a sabiendas, o adelante, impulsada.
La primera "igualdad" es el miedo y, cómo lo manejan "los poderes".
La segunda igualdad es que, sólo un determinado tipo de personas son capaces de reiventar una nueva ilusión que, venciendo el miedo, aglutine a mayorías sociales para propiciar cambios de mejora colectiva.
Algo parecido a lo que hicieron los líderes de la resistencia en muchos países europeos ocupados por los nazis o, siguiendo un ejemplo más cercano, parecido a lo que pudo ser la "revolución Obama" que, lamentablemente, se está quedando en "poquita cosa"... en casi nada. Probablemente porque, los que manejan -el miedo- en los EE. UU. han ganado la batalla... otra vez. Y, Europa, comienza a dudar.
El nuevo totalitarismo que recorre , hoy, el mundo, son: los mercados.
Espabilemos.
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