miércoles, 30 de noviembre de 2011

20N: tercera entrega.

Ahora, que la delincuencia es -casi- un título nobiliario y, la ordinariez -estúpida- cabalga a lomos de ondas o pantallas más -o menos- táctiles, llegó la hora de revisar la ruta que nos ha conducido a extremos -por "puro delicados"- equivocados. 

Intentaré explicarme.

Algunos de los comentarios que se escuchan estos días me traen a la mente un día, en el aeropuerto de Alvedro, la presencia cercana -a menos de un metro- de un procurador en cortes -creo que por el tercio familiar- de un conocido franquista coruñés. Coincidimos en la cafetería, y era la primera vez que veía a un "político" tan de cerca. Una foto de ayer, creo que era en La Voz de Galicia, edición digital, mostraba a un matrimonio de diputados socialistas y no pude evitar mi asombro, porque me recordó a los famosos tercios de representación en Cortes de la "democracia orgánica" de la "extinta" dictadura. 


Yo no puedo entender ciertas cosas, ni quiero. No entiendo lo de las tribus o los rebaños.

También estos dias, cuando la Unión Europea está de parto -esperemos que la criatura salga sana- encontré en Facebook comentarios de una conocida política coruñesa sobre el aniversario de la muerte de un famoso artista. Este que cantaba con Monserrat Caballé en los Juegos de Barcelona. No recuerdo su nombre, quizás porque no me gustaba su estilo, aunque tengo que reconocer que desconozco su mensaje, si lo tenía. El de Queen. En fín... en las "costuras" -aquellas en las que las chicas aprendían a coser y bordar- también se hacía política. A la altura de las circunstancias, claro.

En la misma línea, por facebook, circulan comentarios sobre algunas frases de Alfonso Guerra relativas a las cuotas de participación en los órganos de dirección de su partido. Por cierto, no muy aprobatorias.

He de reconocer que, si yo fuese el partido socialista, lo primero que preguntaría a los aspirantes a diputados -o diputadas- sería lo siguiente: ¿Cuántas horas duerme el dinero?


A la menor duda -en la respuesta- el, o la aspirante, dejaría de serlo. 


La segunda pregunta sería: ¿Estás dispuesto/dispuesta a trabajar el mismo tiempo que el dinero?


Cualquier vacilación sería motivo de rechazo, selectivo, con cuota y sin ella.

Habría algunas otras preguntas, que me reservo, pero que tendría -inevitablemente- que hacer a cualquier eventual opositor a cargo público.

Efectivamente, a la menor duda... ¡a la calle! ... con cuota.. y sin cuota.


¿A quienes preocupa que los candidatos a cargos públicos tengan unos "genes" -un historial- inequívocamente transformadores - a mejor- de las precariedades sociales?

¿Son capaces -aunque solo sea soñando- los actuales cargos públicos de imaginar un mundo sin la supremacía del dinero, sobre la política?

¿Serían capaces -los actuales cargos públicos- de perder económicamente e incluso enfrentarse a los poderosos mecanismos del dinero -y la derecha política- o ir a la cárcel, por poner en marcha los mecanismos que nos conduzcan a rescatar la soberanía popular?
Lo pregunto, porque los tiempos lo exigen.

Algunos todavía no se han enterado del porque Rajoy será el próximo presidente del gobierno de España. Algunos, incluso cargos públicos, no se enterarán nunca, porque pertenecen a esa especie -no está en extinción- que no sabe como funciona el mundo. El que no lo sabe, no debería ocupar el puesto que le pertenecería, por pura lógica, a otro/a. Con cuotas... y sin ellas.

Dice Iñaki Gabilondo en su libro "El fin de una época", sobre el oficio de contar las cosas, que solo un millón de españoles/as son capaces de profundizar en las cosas. De analizar, de no dejarse guiar por los flashes, o los popes. Lamentable. Quizás esto nos explique el como se conforman los listados electorales.

Las listas de la izquierda deben ser muy plurales y, fundamentalmente, conformadas por verdaderos /as transgresores de la realidad social. En sentido positivo, claro.

Nos hemos dedicado a otras cosas, mientras el dinero ha estirado sus tentáculos hasta las más íntimas arterias de la sociedad. La crisis capitalista está en nosotros mismos y en nuestros mecanismos sociales. En los partidos, en la justicia, en los "medios", en el comercio.
Ahora domina y, cada día, cada hora, forma nuevos universitarios -nuevos sicarios ilustrados- que trabajan, con buenos salarios, para liquidar cualquier rastro de honradez que ponga en peligro su fin: la acumulación a costa de la mutilación social.

No tengo duda alguna de que Rubalcaba ha sido un transformador de la realidad social. Es el ministro que ha convencido a Eta de que es mejor dejarlo. Tampoco la tengo en el tema de la regulación y las bajas por accidentes de tráfico. El bajón ha sido espectacular y lo sería más, si no computasen como accidentes de tráfico los suicidios del fin de semana. Lo del suicidio todavía no es "materia pública". Soy consciente de que detrás de Rubalcaba ha habido una sociedad y unos medios, y mecanismos. Pero es muy importante "el todo". La cabeza, y lo que hay detrás.

La tarea a la que se enfrenta la sociedad española -ya no está la excusa de Zapatero- es exigente.
Recuerdo el día en que salí llorando de una cafetería, en Ortigueira. Era un domingo de verano. Un grupo de españoles acababan de proclamarse campeones del mundo de baloncesto.

El partido socialista podría ahorrarnos, unos diez años.
(Continuará)

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